Archive for Julio, 2007
Estela Zatania: Pasión por los duendes del cante

Desde hace sólo un año vive en Jerez, pero su vida ha sido un trajín intenso a la búsqueda de los duendes que revolotean alrededor del cante y el toque flamenco. Quizá fuera un capricho del destino toda vez que su existencia ha estado consagrada a un arte que se fraguó a más de diez mil kilómetros de donde fue a nacer, en Nueva York. «Comencé muy joven a tocar la guitarra, hacía cosas de Bob Dylan. Un día, mi hermano me dijo que por qué no tocaba flamenco. Y así comenzaron mis primeros contactos con Mario Escudero y la guitarra flamenca. Recuerdo que los primeros discos que escuché de flamenco fueron de Antonio Molina y del genial guitarrista Agustín Calderón Sabicas. Me caló Sabicas, Molina la verdad es que no. Junto a Domingo Alvarado, un guitarrista de Jerez afincado en Nueva York, vi a un Paco de Lucía que llegó a América con tan sólo dieciséis años. Todavía recuerdo cómo se le caía la mandíbula a Sabicas viéndole tocar. Fueron los años donde se fraguó la base de lo que después haría años más tarde», comenta Estela.
Después vinieron los años del cante en una pequeña compañía con la que recorrió parte de América del Norte y del Sur, Canadá, las islas caribeñas y, por fin, Europa: «Llegué a España por primera vez en el año 1970, y decidí quedarme para siempre aquí». Fueron los tiempos en los que Pohren, un guitarrista americano, descubre el mundo de los flamencos de Morón y crea en su finca El Espartero uno de los reductos de pureza del cante más grandes que ha tenido jamás la historia del flamenco. Allí se reunían grupos de jóvenes americanos un tanto hippies que habían leído a Pohren en El arte del Flamenco y que venía a descubrir este lugar donde brotaban los duendes de un arte que les sonaba lejano pero auténtico y puro a un mismo tiempo.
«Fue un choque cultural brutal -comenta Estela Zatania-. Junto a Diego del Gastor y Joselero de Morón había una legión de jóvenes con una visión de la vida muy distante a unos cantaores criados en una España que estaba con un retraso cultural descomunal en comparación con Estados Unidos, pero fueron tiempos muy enriquecedores para todos».
Diego del Gastor, con su guitarra, tocaba por soleá, mientras los chicos americanos fumaban y bebían en un mundo casi idílico para ellos: «Diego era una gran persona. Le encantaban los niños, quizá porque nunca los tuvo. Y tenía una personalidad muy definida. Era muy culto y sobre todo era muy respetado por todos los gitanos de la zona. Era un gran director de orquesta». Cuando murió Diego, el mundo hippie de D. E. Pohren se vino abajo y Estela, aunque siguió viviendo en Morón durante treinta y cinco años, se fue a buscar más flamenco y sabiduría a Utrera.
Cuenta que «Utrera ha sido mi referencia. Casi todo lo que sé se lo debo a este pueblo sevillano y a flamencos como Fernanda y Bernarda o Gaspar de Utrera, con el que aprendí mucho». Estela Zatania siguió cantando en miles de tablaos en toda España. De aquí para allá, haciendo la soleá de Fernanda y destapando los sonidos negros del cante por siguiriyas de Juan Talega.
Hace años que dejó el cante y se puso a escribir sobre flamenco. En 2003 recibió una beca de la Junta de Andalucía para escribir un libro que próximamente verá la luz y que se llamará Flamencos de Gañanías. «Escribir el libro me puso en contacto con Jerez, y decidí venirme aquí, porque aún queda algo de pureza en esta ciudad. Desde hace un año vivo en la calle Campanillas, escribiendo y escuchando flamenco. Es mi pasión y a estas alturas de la vida es lo único que me enriquece de verdad», comenta. Acude a una tertulia de radio que dirige el gran José María Castaño y ha recibido el premio de periodismo de la Unión en el año 2004 por sus trabajos en un portal de flamenco donde escribe.
Estela Zatania ha vivido intensamente el flamenco. Toda una vida ligada a este arte con una entrega casi desmesurada. Si existe una persona que haya sentido realmente lo que son los duendes y los sonidos negros, ésa, sin duda, es Estela Zatania, una profesional que se vio atrapada por este arte de tanta autenticidad y verdad cuando brota del alma.
Vía lavozdigital.es
2 commentsEspecialistas en flamenco se reúnen en la Universidad de Granada
Almuñécar ha sido la sede del curso “Los estudios del flamenco en el mundo universitario”, impartido por el Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada. Los expertos han aprovechado la ocasión para reivindicar el flamenco y solicitar a las autoridades que esta disciplina se incorpore a los planes de estudios de colegios e institutos, equiparándolo a asignaturas como la Pintura o la Literatura.
En el curso, apoyado por la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco y por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, ha habido espacio para reflexionar sobre el cante y el baile y se ha contado con figuras de la talla de Juan Andrés Maya o Miguel Ochando, que han puesto a disposición de los asistentes su sabiduría en estas materias.
Juan José Telles, director del curso, ha lanzado un alegato a favor de este arte. Telles considera que el Gobierno debe preservarlo por “ser un legado de la cultura española”, y además ha insistido en la necesidad de regular estos estudios desde un punto de vista científico, fomentando la investigación en el ámbito universitario mediante la creación de cátedras especializadas y planes de estudio específicos.
Otro punto importante de la reivindicación de los expertos es la necesidad de acabar con los prejuicios que desde hace siglos rodean a esta disciplina. El flamencólogo ha añadido que se debe desterrar el mito de asociar flamenco con “incultura, jarana y alcohol” y debe normalizarse la presencia del flamenco como pilar fundamental de la cultura andaluza y española.
Tangos y Alegrías de Cádiz
Como complemento a los cursos de guitarra que venimos ofreciendo en la web ponemos estos dos vídeos con explicaciones de tangos y alegrías de Cádiz que nos ofrece nuestro colaborador habitual Andrés Varas.
Tangos:
Alegrías:
Muchas gracias Andrés!
2 commentsXVI Festival Puerta de la Axarquía

La Peña Flamenca “El Piyayo” de Rincón de la Victoria ha hecho público el cartel de su XVI Festival “Puerta de la Axarquía”, que se celebra anualmente en la localidad el primer sábado de agosto. Como en ediciones anteriores, el de este año dará comienzo a las 22 horas en el Polideportivo del Colegio Manuel Laza Palacio (detrás de la Casa Consistorial) y contará con las intervenciones al cante de Andrés Lozano, Niño Josele, Rosi Navarro (ganadora del I Concurso de Cante Joven Flamenco Excelentísimo Ayuntamiento de Rincón de la Victoria) y Maria del Carmen Lastre.
Al toque estarán esa noche Luis Santiago “El Marquesado”, “El Gasparito” y Pepe Reina. El baile gana espacio en esta XVI edición del festival rinconero, con “Meli y su Cuadro Flamenco” y el Cuadro “Er Salero”, nacido en la escuela de baile de la Peña Flamenca El Piyayo.
El precio de la entrada será de 10,00 euros. Podrán ser adquiridas en Joyería Masory (Avenida del Mediterráneo, frente al Centro de Salud), en Rincontravel o a la entrada del recinto, que contará con servicio de barra durante toda la velada.
Vía inforincon.com
No commentsIsrael Galván

Hijo de los bailaores sevillanos José Galván y Eugenia de Los Reyes, Israel Galván empezó a bailar desde muy pequeño de la mano de su padre hasta que en 1994 entró a formar parte de la recién creada Compañía Andaluza de Danza dirigida por Mario Maya. Era el comienzo de una trayectoria imparable que en poco tiempo se materializó en los tres premios más importantes del baile flamenco: el Premio Vicente Escudero en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (1995), el Premio El Desplante del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión (1996), y Premio del I Concurso de Jóvenes Intérpretes en la IX Bienal de Flamenco de Sevilla (1996).
En 1996, Israel Galván acompañó al baile a Vicente Amigo en los conciertos de su disco ‘Vivencias Imaginadas’, y después trabajó en espectáculos de otros bailaores como Mario Maya, Manuela Carrasco y Manuel Soler, con quien mantuvo una intensa relación personal y artística. En septiembre de 1998 presentó en la X Bienal de Flamenco de Sevilla ‘¡Mira! / Los Zapatos Rojos’, el primer espectáculo de su compañía. Desde entonces, siempre ha presentado un nuevo trabajo en la Bienal. En 2000, estrenó ‘La Metamorfosis’, una compleja coreografía elaborada a partir de la obra de Kafka, con música de Enrique Morente, Lagartija Nick y Estrella Morente. Dos años después, presentó ‘Galvánicas’, con temas compuestos expresamente a raíz de su experiencia como bailaor de Gerardo Núñez Trío, con quienes recorrió en 2001 los más prestigiosos festivales de jazz y flamenco del mundo.
Tiene varios espectáculos:
- Arena: Seis coreografías de Israel Galván para el mundo de los toros.
- Tábula Rasa: Una puesta en escena de Israel Galván con la voz de Inés Bacán y el piano de Diego Amador.
- La Edad de Oro: Un espéctaculo de baile flamenco de Israel Galván con Fernando Terremoto al cante y Alfredo Lagos a la guitarra.
Vídeos seleccionados:
Entrevista:
Bulerías y Tangos:
Soleá por bulerías:
5 commentsJueves Flamencos en Cádiz
Hoy jueves 26 julio espectáculo “¡¡De concierto!!”, con Aurora Vargas y Pansequito. Contarán con la colaboración de Diego Amaya a la guitarra; Chicharito y Rafael Junquera a las palmas y jaleo.
No commentsReyes del Compás en el Auditorio Natural de Lanuza: Los Juncales
Ante un público no demasiado numeroso y con un tiempo más bien otoñal para las fechas que corren, Los Juncales dieron ayer muestras de su absoluto dominio del compás en el festival “Pirineos Sur”.
La solitaria guitarra de Moraito por seguirillas, tangos y bulerías marcaba el comienzo de la noche.

Juan Grande, “Bo” y “Moraito Chico”
A partir de aquí la noche se puede resumir en una fiesta contínua por bulerías.
Las bulerías lentas de Manuel Molina con los brazos en cruz y alabando al cielo nos recordaban sus temas “Todo es de Color” y “Dime” de su época con Lole, dejando su guitarra en segundo plano, pero sin perderla de vista.
Manuel Molina
Tomasito se metía al público en el bolsillo con su divertida personalidad, y sus excelentes bailes. Aparecía, se iba, volvía a aparecer…
“Tomasito”
Diego Carrasco y sus “Toma Química”, “Los tigres, leones, todos quieren ser unos campeones” se paseaba a su antojo por el escenario combinando sus curiosos cantes con divertidas pataitas de baile.
Diego Carrasco
La “soleá punki” de Tomasito también se hizo presente en Lanuza.
Bailes por alegrías, soleá por bulerías y el fin de fiesta con todos los integrantes en el escenario.
Fin de fiesta con “Los Juncales”
El público pedía un bis y los juncales salieron a hacer un nuevo paseito haciendo bailar a Moraito.
Destacable actuación de la percusión y palmas de Juan Grande y Bo.
Vicente Escudero
Vicente Escudero Uribe, nació en Valladolid, en 1888. Desde muy joven se dedicó profesionalmente al baile flamenco y pasó una temporada en el Sacromonte granadino, viviendo con los gitanos -él no era gitano-, con el fin de adquirir de ellos algunas enseñanzas. Luego, intentó bailar en Madrid, y actuó durante muy pocos días en el famoso Café La Marina, sin que tuviera. éxito, por lo que fué despedido, según él mismo contara, por deseo expreso de los demas artistas, que alegaban que no sabía tocar las palmas a compás.
La anterior anécdota pone de relieve las dificultades de los principios artísticos de Vicente Escudero, que no desistió de su empeño de llegar a ser un gran bailaor. Y tuvo la suerte de encontrarse en el Café Las Columnas de Bilbao, con el magistral Antonio de Bilbao, quien se convirtió en su maestro, enseñándole y. transmitiéndole su estilo. Providencial circunstancia en su vida. Y para no hacer el servicio militar, se marchó a Portugal, desde donde pasó a Francia y otros países europeos, bailando en salas de fiesta y cabarets, perfeccionando su baile.
En 1922 obtuvo el premio del Concurso Internacional de Danza, organizado por el Teatro de la Comedia de París. Dos años después ofreció un primer gran reciral en la capital francesa. Y fué en Paris donde creó su ballet flamenco, con un repertorio de obras de Falla. Turina y Albéniz. .A partir de entonces su proyección fue rutilante, porque entre otras cosas Manuel de Falla le encarga el montaje y coreografía de su obra “El Amor Brujo”, que se estrenó también en París. A su regreso a España se presentó en Madrid y recorrió varias capitales de provincia, entre ellas Barcelona, donde puso en escena su espectáculo “Bailes do vanguardia”.
Después Londres, Nueva York, Hispanoamérica… Todo un periplo triunfal dentro y fuera de nuestras fronteras. Una vida artística que culmina con el homenaje que se le tributo en 1947, en el Teatro Monumental madrileño con la participación de grandes figuras del flamenco y con la adhesión de pintores, escritores y músicos. Vicente Escudero, murió en Barcelona, en 1980, siendo enterrado en el panteón de ilustres de su ciudad natal. Hombre de grandes Inquietudes artísticas e intelectuales, se reveló como un peculiar pintor, plasmando pasos y poses del baile, y escribió textos sobre su arte, así como un decálogo para su interpretación con pureza según su personal concepción.
Al decir de José Blas Vega, en 1939 creó la siguiriya gitana pues antes nadie había ni siquiera intentado bailarla.
Decálogo de Vicente Escudero sobre el baile flamenco
Notas sobre mi decálogo
Es muy difícil penetrar en su hondura misteriosa, y es muy difícil su exposición. Pero si afirmo que ese duende que tanto cacarean eruditos y profanos es un mito que desaparece baiando con sobriedad y hombria, traduciéndose entonces en el misterio que todo arte lleva. A los diez puntos de mi decálogo tiene irremediablemente que ajustarse todo aquél que quiera bailar con pureza. Ahora mismo yo no conozco a nadie que use de ellos en toda su extensión. Muy raramente se encuentra algún bailarín o bailaor que use tras o cuatro de mis puntos, los restantes brillan por su ausencia. De tal manera que les invito solemnemente a seguir la verdadera tradición del baile flamenco puro y masculino.
El baile flamenco femenino
En esta época no se baila con pureza, se han perdido aquellas líneas, aquella majestad, aquel braceo como se decía antiguamente, de arriba abajo y de abojo arriba-, de líneas femeninas y misteriosas de La Macarrona, de la Malena, de la Ferananda y de otras de la época pasada que acariciaban la tierra con sus pies de seda. Ahora a la única que se le pueden ver algunos sorprendentes detalles de majestada es a Pastora Imperio. Hay otra bailaora flamenca que se dedica a dar lecciones; si ésta quisiera podría recordar muy bien a los grandes de antes, pero como lo que piden ahora son zapaeados y zapateados, el resultado es que en estos tiempos las mujeres bailan casi igual que los hombres. HAY algunas que bailan magníficamente bien, pero lo difícil es mantener la pureza del baile flamenco desde el principio hasta el fin.
DECÁLOGO
- Bailar en hombre
- Sobriedad
- Girar la muñeca de dentro a fuera, con los dedos juntos
- Bailar asentao y pastueño
- Las caderas quietas
- Armonía de pies, brazos y cabeza
- Estética y plástica, sin mixtificaciones
- Estilo y acento
- Bailar con indumentaria tradicional
- Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos ni otros accesorios.
Carmen Amaya
Carmen Amaya, Barcelona, 1913-Bagur (Gerona), 1963. Bailaora y cantaora. Hija del tocaor El Chino, sobrina de La Faraona, hermana de Paco, Leonor, María, Antonia y Antonio Amaya y casada con Juan Antonio Agüero.
También conocida en sus principios como La Capitana.
Se inició en su arte desde muy niña, acompañada por su padre, y a los seis años de edad debutaba en el Restaurante Las Siete Puertas de su ciudad natal, para proseguir bailando en la Taberna de El Manquet, en el Chiringuito de La Puerta de la Paz, en el local denominado el Cangrejo Flamenco, en Casa Escaño y en otros lugares barceloneses.
Debutó en París, en el Teatro Palace, donde actuaba Raquel Meller, junto a La Faraona y Carlos Montoya, para volver después a Barcelona y continuar nuevamente en varios escenarios, entre ellos en La Taurina, donde la descubre el critico Sebastián Gasch, que escribe de ella un elogioso artículo.
En 1923, viaja por primera vez a Madrid, para bailar en un local situado en los bajos del Palacio de la Música. Al año siguiente llevó a cabo una gira por diversas ciudades españolas, formando parte de la compañía de Manuel Vallejo.
De nuevo en Barcelona, baila en el Teatro Español, recomendada por José Cepero. En 1929, figura en el Colmao Villa Rosa, que regentaba, en Barcelona, Miguel Borrull, y, en 1930, actúa en la Exposición Internacional. La contrata el empresario Carcellé y recorre varias capitales, entre ellas San Sebastián, en 1935, presentándola en Madrid, Luisita Esteso, durante un espectáculo en el Coliseum.
El mismo año trabaja en los teatros madrileños de La Zarzuela, con Conchita Piquer, Miguel de Molina y otros destacados artistas, y en el Fontalba. También rueda la película La Hija de Juan Simón, con Angelillo, y toma parte, en Barcelona, en una revista musical. Después de su interpretación en la película María de la O, emprende una gira por provincias en 1936, sorprendiéndole la guerra civil en Valladolid.
Se traslada a Lisboa, debutando en el Café Arcadia, acompañada por el pianista Manuel García Matos, llevando en su elenco entre otros intérpretes a su padre y al Pelao Viejo. Viaja seguidamente a Buenos Aires, donde debuta en compañía de Ramón Montoya y Sabicas, en el Teatro Maravillas, con un enorme éxito, teniendo que intervenir las fuerzas de orden público, incluso los bomberos, en su segundo día de actuación, para mantener el orden en las taquillas. Después de un año consecutivo en el citado teatro, realizó un recorrido por ciudades del interior de Argentina, para retornar a Buenos Aires y al mismo escenario, consumando una temporada de cuatro meses. Desde 1937 a 1940, se suceden sus actuaciones en Uruguay, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, Argentina, Cuba y Méjico, en cuya capital, en 1940, simultaneaba sus actuaciones en el Teatro Fábregas con las que realizaba en el Tablao El Patio. Durante esta etapa de su vida artística, en la que une a su grupo artístico a varios miembros de su familia, realizó películas en Buenos Aires junto a Miguel de Molina y fue admirada por los músicos Toscanini y Stokowsky, quienes hicieron de ella públicos elogios. Se presenta en Nueva York, en 1941, concretamente en el Beach Comba, para pasar al poco tiempo al Carenegie Hall, en unión de Sabicas y Antonio de Triana. El entonces presidente de los Estados Unidos, Roosevelt, la invita a una fiesta en la Casa Blanca, y le regala una chaqueta bolera con incrustaciones de brillantes. Aparece en la portada de la revista Life y es admirada por los más famosos astros del cine y el arte nortea-mericanos. Desde 1942 se convierte en una de las principales atracciones de Hollywood, donde interpreta una versión de El amor brujo de Falla, en el Auditorio Bowl, ante veinte mil personas, con la Orquesta Filarmónica.
Interviene así mismo en un gran número de películas, entre ellas Sueños de gloria, Piernas de plata, Vea a mi abogado, Carmen Amaya y sus muchachos, Las amarguras de un torero, El sombrero de Paraná y Sigan al chico, realizando igualmente sus primeras grabaciones discográficas. Vuelve a Europa y se presenta en el Teatro de los Campos Elíseos de París, para hacerlo también en Londres y en teatros holandeses, desde donde pasa a Méjico y después otra vez a Nueva York y Londres, para seguir por Sudáfrica y Argentina, retornando a Europa.
En 1947, reaparece en España, en el Teatro Madrid, con el espectáculo titulado Embrujo español. Obtiene un resonante éxito en el Princes Theater londinense en 1948, y en su siguiente gira por América, recorre Argentina en 1950. Al año siguiente vuelve a bailar en España, presentándose en el Teatro Tívolí de Barcelona, después de varias actuaciones en Roma. Continúa actuando en Madrid, París, Londres, y diversas ciudades de Alemania, Italia y otros países europeos. En Londres, le felicita la reina inglesa, y aparece en la prensa una fotografía con el siguiente texto: «Dos reinas frente a frente». La Europa del norte, Francia, España, Estados Unidos, Méjico y América del Sur son los itinerarios que sigue con su elenco en los años siguientes. En 1959, alcanza un gran triunfo en el Westminster Theatre de Londres y en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, inaugurándose en Barcelona la Fuente de Carmen Amaya en medio del homenaje popular; con este motivo celebra una función benéfica en el Palacio de la Música, que registró el mayor lleno de su historia. Su última película fue Los Tarantos de Alfredo Mañas. Reclamada por los principales coliseos del mundo, desde 1960 a 1963, año de su muerte por afección renal, vuelve a realizar continuas giras por Europa y América, hasta que su enfermedad se lo impide, estando en Gandía, tras haber bailado por última vez en Málaga.
Su fallecimiento constituyó una gran aflicción para todo el mundo flamenco, siéndole otorgada la Medalla del Mérito Turístico de Barcelona, el Lazo de Isabel la Católica y el titulo de Hija Adoptiva de Bagur. Su entierro convocó a un gran número de gitanos de Cataluña y de distintos puntos de España y Francia. Enterrada en Bagur, donde vivió sus últimos días, sus restos descansan actualmente en Santander, en el panteón de la familia de su marido. A los tres años de su defunción, en 1966, se inauguró su monumento en el Parque de Montjuic de Barcelona, y en Buenos Aires le fue dedicada una calle, mientras que en Madrid, en el Tablao Los Califas, se le tributó un homenaje en el que intervinieron entre otros artistas Lucero Tena, Mariquilla y Félix de Utrera. También en 1970, se le ofreció un homenaje en Llafranch (Gerona). La personalidad de Carmen Amaya, artista que gozó en vida de la admiración general y entusiasta de todos sus compañeros de arte, ha sido glosada por diversos críticos, flamencólogos y escritores, así como exaltada por los poetas, entre ellos Fernando Quiñones, autor del poema Soneto y letras en vivo para Camen Amaya. De estos comentarios transcribimos una selección: Vicente Marrero: «En Carmen Amaya puede verse la asombrosa convicción con que a veces suele danzar. Gitanilla desgarbada, flaca, menuda, casi incorpórea. morena, con cara de ídolo trágico y remoto, pómulos asiáticos, de ojos largos cargados de presagios. brazos retorcidos, nerviosa desgreñada como un bicho malo, mimbreña y violenta. Con su repajolera gracia gitana, no es sólo una millonaria más de Norteamérica. sino una de nuestras grandes bailarinas, que ha acertado, pese a algunos efectos no siempre de buen gusto, con el secreto de la danza y su baile no puede explicarse a la luz de ninguna técnica; nació con el baile dentro un baile hecho de oro añejo. Carmen Amaya. que éste es su nombre, no es una mujer diferente en cada uno de sus bailes, como suele suceder con otras grandes figuras de la danza.
Es la misma siempre, y no se ha propuesto otra cosa. La ficción no pertenece a su arte. No es bailarina; es bailaora. Con su arte de ámbito reducido, de valoración personal más que escénica, ha sabido imponerse en todos los países, donde ha conquistado admiradores frenéticos. Caso asombroso si pensamos que con bastante frecuencia el baile flamenco es un baile vedado a los mismos españoles, sobre todo en algunas regiones de la península… En los bailes de Carmen Amaya se ha querido ver con exageración un carácter morboso, truculentamente patético, con correspondencia a una moda mundial que desorbita los sentimientos clásicos. No alcanza ese juicio desacertado el secreto de su éxito y no es del caso refutarlo. Es verdad que Carmen Amaya prodiga el nervio y la velocidad; es más: se ha criticado que no usa ni siente la majestad ni el quietismo tan característicos de las bailaoras en contraste necesario con el vértigo que llega a su tiempo, en el que ella -dicen los que la critican- con tanto aire y voltaje, evapora la esencia misma del flamenco.
Superficial y desconsideradamente ha llegado a considerársele como a la fuerza ciega, en bruto, irreflexiva, inclinada a efectismos, el tipismo de relumbrón que se doblega a fáciles exigencias. Pero Carmen Amaya no es una intuitiva o una seudobailaora sin cánones, que improvisa, con un cuerpo de centavo, sabiduría y salero. Dotada como la más, conserva la arquitectura cañí de sus bailes, y es -lo que nunca podrían ser Lola Flores y sus imitadoras- una maestra cuando quiere bailar según las reglas del baile flamenco, en el que hay dos suertes bien distintas: el parado y el furioso. La aparición de Carmen Amaya, su éxito extraordinario, surtió su efecto en un momento cuando la danza española parecía adormecerse en un manierismo que estéticamente no iba más allá del buen gusto. Algunos críticos franceses lo han explicado como retorno a la violencia. Su explicación, posiblemente, es más elemental. Se trata de un retorno a la fuerza originariamente tensora del baile. Baile, el suyo. con la virtud que, de un modo particular, escondían los palillos de la Argentina: virtud de hacer cavilar hasta las fronteras mismas de lo misterioso. No importa que la veamos una y otra vez. Siempre sorprende. No se sabe lo que quiere. No se sabe muchas veces adónde va. Y cuando nos damos cuenta de ello, lo notamos como se nota el relámpago en su súbito zigzag, cargado con toda la electricidad de la naturaleza. Podría decirse de su baile todo lo que se quiera; pero los más puritanos del flamenco, tan celosos de las tradiciones, pasando por alto algún que otro paso fuera de lugar o cierto sensacionalismo repajolero, no tendrían que objetar nada a su ciencia infusa, si diese más salida a los brazos, que deslucen en su flamenco al lado de la atención que prodigiosamente concede a los pies, sin que se olvide, claro está, que el flamenco está siempre en evolución, en creación constante».
Sebastián Gasch: «De pronto un brinco. Y la gitanilla bailaba. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. El tablao vibraba con inaudita brutalidad e increíble precisión. La Capitana era un producto bruto de la Naturaleza. Como todos los gitanos, ya debía haber nacido bailando. Era la antiescuela, la antiacademia. Todo cuanto sabía ya debía saberlo al nacer. Prontamente, sentíase subyugado, trastornado, dominado el espectador por la enérgica convicción del rostro de La Capitana, por sus feroces dislocaciones de caderas, por la bravura de sus piruetas y la fiereza de sus vueltas quebradas, cuyo ardor animal corría pareja con la pasmosa exactitud con que las ejecutaba. Todavía están registrados en nuestra memoria cual placas indelebles la rabiosa batería de sus tacones y el juego inconstante de sus brazos, que ora levantabanse, excitados, ora desplomábanse, rendidos, abandonados, muertos, suavemente movidos por los hombros. Lo que más honda impresión nos causaba al verla bailar era su nervio, que la crispaba en dramáticas contorsiones, su sangre, su violencia, su salvaje impetuosidad de bailaora de casta». Alfredo Mañas: «Ante Carmen, ante su baile, los gitanos guardan un silencio respetuoso que, rápidamente, se convierte en una catarata de alabanzas desorbitadas, sin medida. Y las alabanzas dejan paso al orgullo que justifica y exalta la raza».
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