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Archive for the 'Teoría e Historia' Category

Recordando a Vicente Escudero

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Si se clicka sobre la imagen se puede ampliar y leer el texto mas comodamente.

el cuco.

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El Negro del Puerto

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José de los Reyes Santos nació en Puerto de Santa María (Cádiz) en 1913. Especialista en los corridos o romances, que muchas veces son más hablados que cantados, como tantos otros viejos cantaores de esa zona geográfica gaditana, el Negro nunca fue un verdadero profesional de lo jondo, aunque a raíz de sus primeras actuaciones en público comenzaran a llamarle para festivales, peñas flamencas y hasta televisión. Con facultades muy empobrecidas, su cante vale más como reliquia del pasado que como muestra artística en sí, pero indudablemente tiene un gran interés para quienes desean profundizar algo más de lo corriente en el conocimiento del cante.

Un amplio artículo sobre este hombre lo tenemos en este enlace de la web “El Arte de Vivir el Flamenco” .

También podemos escuchar un corrido gitano cantado por él.

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Flamenco niños: Carmelita Amaya

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Flamenco niños: Carlos Heredia, Carmelita Amaya, Remedios Amaya, Bobote y Bollito hijo

Bulerías y rumba:

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Flamenco niños: Antonio Malena y Moraito

Antonio Malena y Moraito por siguiriyas cuando eran niños:

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Flamenco niños: La Macanita

Veo en letrasdeflamenco un vídeo que hace tiempo que no veía de La Macanita cuando era niña. Una joya, sin duda.

Gracias Daniel!

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Fernanda de Utrera

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Fernanda Jiménez Peña nació en Utrera (Sevilla) en 1923 y murió en 2006). Cantaora.

Muchos la consideran, junto a Mercé la Serneta, la mejor solearera de todos los tiempos, lo que hoy es difícil de saber puesto que desconocemos cómo cantaban sus predecesoras anteriores a la fonografía. Nieta de Fernando Peña Soto Pinini, hermana de la Bernarda de Utrera, lleva en su sangre todas las credenciales precisas para ser cantaora de raza. La Fernanda es en verdad eminente en el cante por soleá, y también notable en algún otro estilo -bulerías, tangos, las cantiñas de su abuelo el Pinini-, y en fandangos se sale de lo común. Porque hay que poner el corazón, dice ella: “Yo tengo un fandango grabao, eso de a mis niños no me los abandones…, pues desde que murió una hermana mía eso no lo pueo yo cantar, porque me acuerdo de mi hermana que dejó a sus hijos solos. Me la pide la gente y forzá la canto; pero me entra un repelugno y una descomposición de cuerpo que no pueo, ea, que no pueo”. Las soleares de Fernanda de Utrera pueden ser memorables. Su voz oscura y rota, casi siempre insuficiente pero preñada de duendes y misterio, era un instrumento que transmitía emoción y escalofrío en cada uno de los tercios. González Climent lo contaba así: “Toda ella es revulsión, insatisfacción, búsqueda, pelea por su propia expresión. No tiene facultades normales. Llegar a la ‘forma’ del cante, sólo ello, constituye un triunfo para la Fernanda. Siente mucho más de lo que puede decir externamente. Pero al precio de muchas angustias, desórdenes y agotadoras rebuscas internas, llega a decirlo (…) La cantaora de Utrera exige imposibles a su voz bronca y regateada, extrema su concentración psíquica, escarba violentamente la fuerza humana de sus gritos y alcanza límites crueles, casi bárbaros. La Fernanda se convulsiona físicamente, estrella brazos al vacío, cierra los ojos, reclama duendes, busca compromisos elementales que le permitan descender y ascender sobre sí misma hasta arañar el jipío valioso. Tiene voz y rajo de templo. Dueña de un gran sentido de la armonía, pero sin entorpecimiento para sus audacias vitales, no imita absolutamente a nadie. Pellizca en el mismo temple inicial. Sus jipíos asustan. Sus silencios son tan cardíacos como plásticos (…) Su gestión flamenca es un sufrimiento del que no podemos escapar. Gestión o comunión -entiéndase correctamente- sólo sostenible en la misma órbita emocional en que sitúa y nos sitúa la Fernanda. En pocos segundos nos arrastra al fondo de su misterio. Tira de nosotros como si se tratara de una pleamar anímica. Su zona de influencia es implacable. La Fernanda bloquea, invade, hiere”.

Félix Grande ha dicho de ella: “La voz de mujer más tierna y ronca, desesperada y delicada de cuantas honran el desconsuelo piadoso del flamenco.”

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Bulerías:

Soleares:

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Pedro Bacán. Música vivida, música sin tiempo.

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Pedro Peña Peña, nació en Lebrija (Sevilla) en 1951 y murió en accidente automovilístico en 1997, de vuelta a su casa después de una actuación. Pedro Bacán, miembro más relevante de la dinastía gitana de los Peña, una de las ramas más fructíferas del frondoso tronco de los Pinini, asentada en Lebrija, hijo de Bastia Bacán, hermano de Inés Bacán, sobrino de Perrate y primo de El Lebrijano…

Guitarrista de alcurnia, tanto en el acompañamiento al cante (uno de los más conocidos, muy requerido en los festivales de los años 70 también) como en la vertiente de solista, faceta esta última que desarrollo profusamente, siendo muy requerido en Francia y grabando un disco fundamental como concertista “Alurican” (Le chant du monde, 1990) donde se plasma su personal y doliente concepción del toque flamenco. Fue impulsor y defensor del flamenco desarrollado y evolucionado en familia, experiencia que vivió desde niño y llevó a cabo en la creación de sus propias obras donde intervenían miembros de su familia, que nunca antes habían subido a un escenario.
Anclado e identificado con la riqueza de su patrimonio, con su guitarra expresa la pena y la dignidad del pueblo al que pertenece, su lenguaje se fundamenta en lo profundo y lo esencial. Su toque virtuoso constituye una especie de estilización barroca del flamenco de su familia. Su toque se caracteriza por largas variaciones con numerosas notas y con una dinámica monótona que construye a modo de tela de araña para envolver al oyente, se acompañaba con un ronroneo vocal irrefrenable que susurraba mientras tocaba. (como ya lo hiciera Niño Ricardo)

En 1980, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, te otorgó el Premio Nacional de Guitarra flamenca.

En 1983, el Departamento de Musicología de la Universidad de Washington, le nombró profesor especial invitado, ofreciendo conciertos como solista en diversas universidades norteamericanas, teatros y en centros culturales.

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Hombre de refinada sensibilidad y cultura dejo un libro escrito, cito aquí uno de sus textos de relevante trascendencia: “La verdad flamenca la tienen los tiempos. La evolución natural del flamenco no está en sacar un disco todos los años. Hay grabaciones antiguas de Tomás Pavón haciendo de una soleá de Cádiz una soleá nueva y natural y no una evolución intelectual. Todo el mundo está loco con lo último, sin pensar en la riqueza ni en lo que hace al flamenco diferente a todas las músicas del mundo es el sentimiento. La calidad está en la profundidad. Buscando y complicando posibilidades melódicas nunca se ha llegado a más profundidad o sentimiento.
Las familias han ido purificando esa música. La gente nueva tiene menos que ver con la base, que es el cante, y las familias cantaoras han sido la base de todo el flamenco (…)”

Se le puede ver y escuchar en varios capítulos de Rito y Geografía del cante (Familia Pinini, Evolución del cante, Familia Los Perrate…), en las películas: “Manuela” y “Desastre de la guerra” de Marvin Albert y en “Inés: Ma soeur (Inés: Hermana mía)” de Carole Fierz a modo de testamento o en el video en el portal de internet youtube junto con EL FUNI… auténticos testimonios audiovisuales… También caben destacar trabajos discográficos
junto a Fernanda de Utrera, Chano Lobato, Inés Bacán, José de la Tomasa (sobrino nieto de Manuel Torre), Pepa de Benito, Curro Malena, El Cabrero, o Calixto Sánchez.

Ante la proliferación de nuevos guitarristas y propuestas de altísimo nivel técnico (tanto teórico como interpretativo) y lo que parece un eminente desarraigo de la guitarra flamenca contemporánea, siento la necesidad de rescatar y valorar la música de Pedro Bacán, muy pocas guitarras suenan tan profundas.

En 2006, Alfonso García Herrera, escribe un libro consagrado a la figura de este insigne guitarrista: “Pedro Bacán: Aluricán en Azul y verde” publicado por el Ayuntamiento de Lebrija. En Marzo del 2008, la ciudad de Lebrija, presentará este libro y le hará un concierto homenaje histórico.

Quizás lo que le hizo hacer esa música tan personal y tan profunda fue que a diferencia de los otros cientos de guitarristas, tenia muy claro de donde venia y sobre todo hacia donde iba, creía que los “soníos negros” (de los que hablaba el rey del cante gitano, Manuel Torre) no debieran venir de otras culturas sino de la nada o porque no, del infierno.

El cuco

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Perico del Lunar

 

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Perico del Lunar es el nombre artístico del guitarrista andaluz Pedro del Valle Pichardo. Nacido en Jerez de la Frontera en 1894 y fallece en Madrid el 17 de marzo de 1964. Actuó en los principales teatros de España y dcel extrangero. Dirigió la primera antología discográfica del flamenco y fue figura del tablao Zambra de Madrid, junto al El Gallina, nombre artístico de Rafael Romero Romero, que era el cantaor al que acompañaba.
También es el apodo de su hijo, Pedro del Valle Castro, quien le acompañó a partir de los 17 años en sus giras.

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Arturo Pavón

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Arturo Pavón es uno de los principales impulsores de la introducción del piano en el flamenco, abriendo el camino para otros más jóvenes, como David Peña Dorantes. La formación clásica de Arturo Pavón - Real Conservatorio Superior de Música de Sevilla- y los importantes antecedentes artísticos de su familia -sobrino de Tomás Pavón y La Niña de los Peines- son otras claves de su arte.

Gran parte de su carrera artística se ha desarrollado en el acompañamiento al cante o al baile, puesto en el que ha recorrido numerosos festivales y tablaos, especialmente en Los Canasteros (Madrid). La mejor pareja artística es la que formó en 1954 con su mujer, Luisa Ortega, pero también ha tocado innumerables veces para Manolo Caracol, al que además le unen lazos familiares: es su yerno. Ha grabado discos en solitario y ha colaborado en los de otros artistas flamencos, como en Mi secreto pirata (1995) de Vicente Soto Sorderita, donde Arturo Pavón interpreta al piano el tema Caracoleando.

La estirpe flamenca de Arturo Pavón no se termina con él. Ha tocado para sus hijas, la bailaora Jordana y la cantaora Salomé Pavón, que ya han dado muestras de pertenecer a esta mítica dinastía de artistas.

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