Diego Amador estrena disco
Aquí tienen el esperado cuarto disco del menor de los hermanos Amador, Diego, también conocido como el Churri (Sevilla, 1973). No es un autor muy prolífico, como saben. En 1994 publicó Anticipo flamenco como Patitanegra, y en 2001 El aire de lo puro. En 2003 retoma composiciones de sus dos entregas con tres temas nuevos para ofrecer Piano jondo, sin duda la mejor entrega de piano flamenco de la historia de este instrumento. Allí Diego optó por la intimidad, por los amplios desarrollos, por limitar su voz y su virtuosismo: si en El aire de lo puro tocaba casi una decena de instrumentos distintos, en Piano jondo se limitaba al piano, con breves apuntes de guitarra, mandola y voz.
En esta nueva entrega, sin embargo, vuelve a la fórmula de El aire de lo puro. Esto es, canciones de calidad, tanto en la música como en la letra (buena parte de los temas están firmados, en este segundo aspecto, por el desaparecido Carlos Lencero: como saben uno de los grandes letristas flamencos contemporáneos), de aire aflamencado, con base en bulerías y tangos principalmente, y con estribillos masculinos o femeninos.
Prefiero el Diego Amador íntimo de su entrega anterior. No es que no me guste el cante de Diego, que es el principal protagonista de esta entrega. Es que pienso que como teclista es uno de los más imaginativos, si no el que más, de la historia de este arte. En tanto que, como cantaor, es uno de los muchos representantes, bien dotado, claro, de la escuela camaronera.
Cuenta con colaboraciones de lujo: Tomatito en la frenética bulería que da nombre a la entrega, y su hermano Raimundo, junto al argentino Luis Salinas, en el duelo de guitarras por rumba tipo latin jazz que cierra el disco. También aparece la voz desgarrada de La Susi dándole la réplica a la de Amador en unas bulerías lentas.
En la onda de la canción aflamencada, me quedo con Suena mi guitarra, una composición de Manzanita que Diego trae al mundo del piano. Un corazón al desnudo: como digo, Amador gana en la intimidad, en la desnudez, ya que canta con el único acompañamiento del piano. El estribillo de Manzanita es de los suyos, esto es, con la pura garra de Caño Roto. Diego enriquece la pieza con su arreglo. Éste, y la taranta, son los cantes que más me gustan de Río de los canasteros, precisamente los que canta con el único acompañamiento de piano. Más convencionales me resultan los fandangos de Huelva, los tientos y las alegrías. En estas últimas introduce Amador los coros soul de las hermanas Tere y Ángela Bautista.
La producción redonda, el sonido pulcro, recto, lo firma el propio Diego Amador.
Vía diariodesevilla.es.
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